No se lo cuentes todo ... que no lo va a entender.
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| Fallecido a causa del frío y la enfermedad en la Perrera de Mairena del Aljarafe. |
Que tengo un encargo para ti.
Mira, tienes que buscar a un amigo recién llegado. Andará despistadillo aún. Acaba de cruzar el umbral. Viene de Mairena. Y creo que aún tiembla un poquito. Quizás a causa del miedo, y sobre todo del frío. Lo vas a reconocer enseguida; os vais a reconocer los dos, y os vais a quedar sorprendidos, porque sois igualitos, igualitos. Yo no sé cómo se llama; cuando lo vi lo llamé Dunillo, porque era un calco a ti.
Búscalo. Saludalo con tu alegría y llévatelo al rincón más soleado que encuentres por ahí. Tú, que eras tan friolera seguro que ya has rastreado donde los rayos de sol son más dorados, más agradables y acariciadores. No lo agobies... que eche un sueñecito allí. Tiene que estar entumecido de encogerse y encogerse. Déjalo tranquilito, que sueñe confiado, hasta que lo veas estirarse, ponerse panza arriba y suspirar. Hazte amiga de él. Cuéntale cosas... sí, contaos batallitas si queréis, hazlo sonreir y dile que fue un valiente. Dile, si quieres, que en noviembre de aquel año también llovió mucho, y que estabas muy resfriada de vagabundear por la calle. Pero no le adviertas que eso fue al principio.... no le cuentes que después tuviste un jardín, que disponías de una cama tierna en un cuarto y un colchoncito en otro... no le digas que siempre había unas manos calentitas, deliciosas, que acariciaban tus orejas, la pancita y que rascaban la garganta y te hacían cosquillas. No le vayas a contar que tenías un techo estupendo, y un suelo de parquet... y que te pirraba, tumbarte en primera fila, frente a un artefacto que emitía calor, calor, calor...

No se lo cuentes porque él no lo va a entender. No le digas nada de nosotros, tu familia, aunque se te salgan las ganas... porque igual llora de tristeza y en el Arco Iris ni se puede ni se debe llorar. No le digas nada de eso... porque si yo no lo entiendo... él, seguro que no lo va entender. Porque si a mí me causa ira... a él la sa va a causar también. Porque si yo siento la injusticia de su muerte... él... imagínate él.
Te lo llevas a ese rincón de sol mágico, y cuando esté a gusto y tranquilo, le explicas por dónde queda el huerto del paté, el árbol de las salchichas gigantes, el río de caldito del puchero... la pradera de los mil juguetes.
Y cuando él tenga ganas le presentas a los amigos. Habláis, jugáis y corréis. Pero dale un poquito de tiempo; estate con él.
Y miraos el uno al otro hasta que explotéis en carcajadas, por lo mucho que os pareceis.


Si te pregunta si algún buen humano pensó en él dile que ¡claro! que muchos, muchos. Que su foto estaba en páginas, en correos, en todo internet. Pero cambia de tema pronto. Que no te pregunte más. No sabrás qué decirle si te mira a los ojillos y te pide que le expliques por qué entonces todo eso no le ayudó...
Anda, Duna hermosa. Sí, ya sé que el otro día te tocó consolar a la podenquita de las Canteras. Pero tú, perra tan generosa, tú que fuiste entrañable callejera y luego ¡tan feliz!... tú lo haces encantada ¿verdad?
No se lo cuentes porque él no lo va a entender. No le digas nada de nosotros, tu familia, aunque se te salgan las ganas... porque igual llora de tristeza y en el Arco Iris ni se puede ni se debe llorar. No le digas nada de eso... porque si yo no lo entiendo... él, seguro que no lo va entender. Porque si a mí me causa ira... a él la sa va a causar también. Porque si yo siento la injusticia de su muerte... él... imagínate él.
Te lo llevas a ese rincón de sol mágico, y cuando esté a gusto y tranquilo, le explicas por dónde queda el huerto del paté, el árbol de las salchichas gigantes, el río de caldito del puchero... la pradera de los mil juguetes.
Y cuando él tenga ganas le presentas a los amigos. Habláis, jugáis y corréis. Pero dale un poquito de tiempo; estate con él.
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